No podemos remediar citar a Shakespeare en el enunciado de este post y su buen gusto por los vinos, la lectura evocadora de su obra como una escritura histórica que no pasa de moda. Lo mismo sucede con algunos vinos. Nunca pasan de moda. Entendemos el tiempo en formato magnum. Una suma, como un aprendizaje orientado a valorar de dónde venimos y encontrar el camino hacia dónde vamos.

Si esto lo trasladamos al punto de vista empresarial nos encontramos con el propósito. Es decir, no somos el qué sino el cómo. Lo mismo dijo Duke Ellington cuando le preguntaron qué era el jazz. El duque respondió el jazz no es el qué, es el cómo.

Nos definimos como una bodega artesanal que elabora vinos de cueva. Esto es llamado storytelling. Tenemos una historia que contar y no es inventada. El hecho no es qué hacemos en la cueva sino cómo lo hacemos. O mejor dicho cómo la cueva interactúa con los vinos y nosotros lo observamos. A modo de un espectáculo que nos sorprende e ilusiona cada cosecha en Tierra de León.

Y dentro de nuestra historia nos gusta remontarnos al principio cuando decidimos embotellar nuestros vinos de Prieto Picudo en magnum. Es decir, dos botellas en una, 150 centilitros de vino preparados para compartir de un solo descorche.

Los recipientes que han albergado el vino para su consumo han evolucionado a lo largo de la historia. El vidrio en forma de botella lo conocemos desde el siglo dieciocho. Y es a principios del siglo veinte cuando se inicia la producción industrial de las botellas.

Además del magnum existen otras botellas de formato superior como el doble magnum (300 cl.), Jeroboam (450 cl.), Imperial (600 cl.), Salmanazar (900 cl.), Baltasar (1.200 cl.) y Nabucodonosor (1.500 cl.). Y si nos preguntáis porqué decidimos embotellar nuestros vinos en formato magnum, os responderemos de un modo sencillo. Los vinos de Prieto Picudo lo necesitaban. Buscaban espacio donde desarrollarse y evolucionar a favor de un tiempo de un modo tranquilo.

¿Queréis conocer las ventajas de los vinos en magnum?

La opción que más nos gusta es que son perfectas para una velada en grupo. Y organolépticamente los vinos varían, se degradan más lentamente y son menos susceptibles a la variación de temperatura y a la influencia del oxígeno.

¡Ah! Y son perfectas para regalar.

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