La poda en 2018 nos quedará grabada en la memoria. Una práctica complicada en busca de regenerar las cepas de Prieto Picudo dañadas por la helada en la primavera de 2017.

Afrontamos un año complicado pero emocionante. Tendremos que valorar la evolución de nuestros viñedos y cómo los vinos crecen, poco a poco, en la bodega.

Nos hemos propuesto marcar la diferencia en un mercado globalizado, apostar por la tradición y el conocimiento como la base de la creatividad en Bodegas Belote. Queramos o no, estamos influenciados por el pasado, por el devenir del tiempo y la cultura que hemos obtenido de nuestros padres y abuelos.

LA PODA DEL PRIETO PICUDO

Nos acercamos a cada cepa, la miramos y pensamos qué cortes ejecutaremos. Conectamos con cada parte de la planta, desde las raíces hasta la última yema. Cerramos los ojos y visualizamos los pulgares que queremos dejar. ¿Será posible? Una parte de la cepa se ha muerto, está seca desde las últimas inclemencias meteorológicas. Una parte de nosotros también muere pero seguimos creyendo en la viticultura como forma de vida.

Este año, aunque lo hemos hecho toda la vida, hemos puesto en práctica una agricultura biodinámica. Después de documentarnos e ilusionarnos con el proyecto, hemos arrancado hacia donde entendemos que es nuestro camino natural. El cuidado de la biodiversidad, el encuentro con la naturaleza como forma de vida. El encuentro con nosotros mismos.

 

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