Dos mil dieciocho ha comenzado sin pausa. Enero avanza sin demora y los días se suman en el calendario. Hoy nieva. Desde la ventana de la bodega vemos como un manto blanco cubre el viñedo. Nos gusta cómo el invierno imprime su estampa en el paisaje vitícola de Roales de Campos.

Las cepas de Prieto Picudo respiran el aire gélido de la mañana. De nuevo pensamos en la siguiente cosecha. Qué vinos elaboraremos y sobre todo cuál será nuestro propósito o visión en el año nuevo.

Se plantea un ciclo de cambio. Un proceso vital de renovación y entusiasmo en busca de sacar lo mejor de nosotros. El esfuerzo, el trabajo en el viñedo, el pensamiento de las cosas bien hechas.

En unos días empezaremos a podar. Una de las acciones que marcan un antes y un después en el desarrollo del viñedo. En nuestra mano está guiar a las plantas hacia un sendero donde se sientan a gusto y confortables. Haremos todo lo que esté de nuestra mano.

El aprendizaje, el conocer los cortes que tenemos que aplicar en la madera, los objetivos que perseguimos. No solo buscamos obtener el rendimiento y desarrollo de la vid durante esta campaña sino que tenemos que soñar con la cosecha del siguiente ciclo.

LA PODA DEL VIÑEDO

La poda es una actividad intelectual, una conexión del ser humano con la naturaleza. Poneros en situación. Coged unas tijeras y salgamos al viñedo. Nos detenemos delante de una cepa en vaso de más de sesenta años. ¿Cómo afrontamos los cortes en la madera? ¿Cómo garantizamos la continuidad de la vida de un ser vivo que lleva más de medio siglo produciendo uvas?

Os prometemos que cuando empecemos a podar grabaremos un vídeo para que entendáis mejor cómo nos sentimos cuando podamos.

¡Feliz fin de semana y una copa de vino de Prieto Picudo!

 

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