Hace años solíamos esperar la llegada de la vendimia como una fiesta en familia, donde nos reuníamos para celebrar la nueva cosecha. Salíamos temprano al viñedo, recorríamos las calles entre las cepas, acariciábamos el fruto y veíamos como los adultos llenaban los cestos con uvas coloreadas. El aroma en la bodega se nos grabó en la memoria, una mezcla entre goloso, el sabor de los primeros mostos y la acidez del otoño.

La clave para lograr una óptima vendimia es la elección de la fecha que dependerá de los factores de maduración de las uvas y del tipo de vino que queramos elaborar.

Pero ante y sobre todo la vendimia es una puesta a punto de la bodega, planificar, crear, desarrollar nuevos conceptos y creer firmemente en lo que hacemos cada año.

Aquí reside la magia del vino, cada cosecha cambiante, cada ciclo vital de un cultivo vivo y enérgico que se renueva y regenera anualmente. Y no nos olvidemos de la climatología, de la inexactitud de la agricultura cuando miramos al cielo y las nubes amenazan lluvia.

La vendimia solo es el fin de un ciclo, la clave está en mimar y cuidar el viñedo el resto del año para poder anticiparnos y afrontar los cambios inesperados con decisión y destreza.

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